Opinión. Calp y el reto de digitalizar el turismo

20/02/2026


Artículo opinión de Pepe Bañuls, ejecutiva PP Calp

 

La fuga de talento joven

Hablar de Calp es hablar de uno de los grandes iconos turísticos del Mediterráneo español. El Peñón de Ifach, sus playas, la gastronomía y por supuesto el clima han sostenido durante décadas un modelo económico basado casi en exclusiva en el turismo de sol y playa. Un modelo que, si bien ha sido exitoso, hoy muestra síntomas evidentes de agotamiento estructural: estacionalidad extrema, saturación de infraestructuras en verano, presión urbanística, encarecimiento de la vivienda y una oferta poco diversificada frente a un turista cada vez más exigente.

La pregunta ya no es si Calp debe evolucionar, sino cómo hacerlo sin destruir aquello que lo hace único.

Durante años, la conversación turística en Calp ha girado alrededor de los mismos ejes: más promoción, más plazas, más visitantes. Sin embargo, el turismo del siglo XXI ya no es solo eso. Se gestiona con datos, con anticipación y con tecnología útil. La verdadera diferencia entre un destino competitivo y uno estancado no está en el número de turistas que llegan, sino en cómo se administran sus movimientos, su impacto y su experiencia.

Y ahí es donde Calp sigue llegando tarde.

Mientras otros municipios turísticos han pasado de la “app informativa” a la gestión inteligente en tiempo real, Calpe continúa atrapado en una digitalización superficial, más cercana al escaparate que al gobierno efectivo del destino.

Benidorm, como referente incómodo pero inevitable, ha desarrollado una plataforma integral de gestión (Benidorm CORE) que monitoriza ocupación de playas, movilidad, eventos y servicios urbanos. No se trata solo de informar al visitante: se trata de redistribuir flujos, anticipar saturaciones y optimizar recursos públicos día a día.

Santander, por su parte, ha desplegado sensores de aparcamiento que permiten reducir tráfico innecesario y mejorar la movilidad turística.

Málaga ha desarrollado aplicaciones que no solo muestran qué hacer, sino que diseñan rutas dinámicas según contexto: clima, afluencia, horarios o perfil del turista. Es la diferencia entre un folleto digital y un asistente inteligente de destino.

Calp tuvo iniciativas puntuales, véase apps de ocupación de playas nacidas en pandemia, pero no ha dado el salto cualitativo: integrar todos esos datos en un sistema único que sirva para tomar decisiones operativas en tiempo real. Hoy, saber que una cala está llena no cambia nada. Lo transformador es que el propio sistema redirija el tráfico, recomiende alternativas y ajuste servicios municipales automáticamente.

 

La digitalización útil hoy en día no solo informa: también actúa.

Y esto nos sitúa de frente con la consecuencia más profunda de esta falta de evolución digital que rara vez entra en el debate turístico: la expulsión silenciosa de la población joven cualificada.

Calp vive una paradoja generacional. Nunca ha habido una juventud tan formada: graduados en turismo, marketing digital, ingeniería de datos, programación, audiovisuales, sostenibilidad o gestión empresarial. Sin embargo, esa misma generación se ve obligada a marcharse fuera porque el modelo económico local apenas ofrece salidas más allá de la hostelería estacional o el empleo de baja cualificación.

 

No es falta de talento. Es falta de ecosistema.

La digitalización turística, bien entendida, no solo mejora la experiencia del visitante: crea empleo cualificado. Plataformas de datos, laboratorios de innovación, gestión de destinos inteligentes, marketing automatizado, análisis de comportamiento turístico, realidad aumentada patrimonial, inteligencia artificial aplicada al servicio público… todo eso requiere perfiles técnicos que hoy Calp no está absorbiendo.

Mientras otros destinos convierten el turismo en un sector tecnológico transversal, aquí sigue funcionando como un monocultivo de temporada.

La consecuencia es doble: fuga de cerebros y dependencia económica frágil.

Municipios avanzados han entendido que la transición hacia Destinos Turísticos Inteligentes debía ir acompañada de hubs de innovación, viveros de empresas y programas piloto con startups. Espacios donde probar soluciones reales: sensores, señalización interactiva, asistentes virtuales, analítica de flujos, sostenibilidad energética aplicada al turismo.

No es casualidad que esos destinos retengan talento joven. Han conectado turismo con economía del conocimiento.

Calp, pese a su certificación como Destino Turístico Inteligente y proyectos de sensorización iniciados, no ha desarrollado aún un tejido profesional alrededor de esa infraestructura. La tecnología existe; el empleo asociado, no.

Y ahí emerge la gran problemática: la digitalización no puede quedarse en subvenciones, apps o paneles internos. Debe traducirse en estrategia económica local, en oportunidades laborales y en diversificación productiva.

Porque un destino que mira solo al visitante termina expulsando al residente que podría mejorarlo.

 

La tecnología no da votos inmediatos. Pero la retención de población joven con talento, sí garantiza futuro.

El riesgo para Calp no es perder turistas mañana. Es perder a la generación que debería gobernar, innovar y sostener el municipio pasado mañana. Digitalizar el turismo no es modernizar una web municipal. Es crear un modelo económico capaz de ofrecer futuro a quienes hoy tienen que marcharse para encontrarlo.

Porque el verdadero indicador de éxito de un destino no es cuántos visitantes recibe. Sino cuántos de sus propios jóvenes pueden permitirse quedarse.