Artículo de opinión de Vox Dénia
El “País Valenciano” no existe: cuando la ideología suplanta al rigor institucional
La moción presentada por el alcalde de Dénia, Vicent Grimalt, en defensa de un nuevo sistema de financiación autonómica nace viciada desde su origen. No por el fondo la infrafinanciación es real y sangrante, sino por algo mucho más grave: la manipulación deliberada del nombre de nuestra tierra.
Porque no, señor alcalde, el “País Valenciano” no existe. No existe en la Constitución, no existe en el Estatuto de Autonomía, no existe en el ordenamiento jurídico ni en la representación institucional. Existe únicamente en el imaginario ideológico de quienes llevan décadas intentando imponer un marco identitario que nunca ha sido refrendado por los valencianos.
Y eso no es un detalle menor. Es el núcleo del problema.
No es un error: es una decisión política
Aquí no estamos ante una confusión inocente ni ante un lapsus semántico. Estamos ante una decisión política consciente, reiterada y cargada de intencionalidad. Porque quien ocupa un cargo público sabe perfectamente cuál es el nombre oficial del territorio que gobierna.
Nuestra comunidad se llama Comunidad Valenciana. Así lo dice la ley. Así lo decidió la ciudadanía. Así debe figurar en cualquier documento institucional.
Cualquier otra denominación puede ser debatida en círculos ideológicos, en artículos de opinión o en panfletos partidistas, pero no puede ser utilizada por una institución pública como si fuera equivalente. Hacerlo es falsear la realidad institucional.
Una moción que pierde legitimidad al nacer
Pretender reclamar una financiación justa para la Comunidad Valenciana mientras se evita nombrarla correctamente es una contradicción insalvable. No se puede exigir respeto al Estado mientras se desprecia el marco legal que nos define.
La moción no solo está mal redactada: está mal planteada. Introduce una denominación ideológica que divide, que excluye y que no representa a todos los valencianos. Y cuando una moción divide, deja de ser institucional para convertirse en propaganda.
Desde nuestro grupo municipal no vamos a blanquear eso. No vamos a votar afirmativamente textos que utilizan las instituciones como altavoz de una agenda identitaria concreta.
El nombre importa, y mucho
Decir que “solo es una palabra” es una excusa burda. Los nombres definen realidades políticas. Y cambiar el nombre es cambiar el marco mental desde el que se interpreta todo lo demás.
El término “País Valenciano” no es neutro. Está históricamente vinculado a un proyecto ideológico que niega la singularidad histórica valenciana y la diluye en una construcción cultural ajena. Usarlo desde una institución es tomar partido.
Y quien toma partido debe asumir las consecuencias.
Rectificar no es humillarse, es gobernar con responsabilidad
La solución es tan simple como reveladora: rectifiquen el texto. Sustituyan “País Valenciano” por Comunidad Valenciana, y el debate podrá continuar. Mientras no lo hagan, estarán dejando claro que la prioridad no es la financiación, sino la imposición ideológica.
Rectificar no es retroceder. Rectificar es demostrar que se gobierna para todos, no solo para los afines.
Sin rigor no hay consenso
La Comunidad Valenciana necesita una financiación justa, sí. Pero también necesita instituciones serias, responsables y leales al marco legal.
Quien confunde ideología con institucionalidad no está defendiendo a los valencianos: los está utilizando.
Y desde luego, mientras se siga negando el nombre oficial de nuestra tierra, no habrá acuerdo posible. Porque no se puede construir justicia desde la manipulación ni consenso desde la falsificación.
Primero, respeto institucional.
Después, financiación.

