Artículo de opinión. Pepe Bañuls, ejecutiva del PP en Calp
Capítulo 2. La gestión del dato
Calp, con su patrimonio natural, arqueológico y gastronómico, podría ofrecer itinerarios adaptativos que distribuyeran visitantes hacia el casco antiguo, rutas culturales o experiencias gastronómicas cuando el litoral se satura. Sin embargo, la tecnología disponible hoy en el municipio sigue anclada en el modelo catálogo: listar recursos, no gestionarlos. Es aquí donde nos encontramos con la primera gran brecha ; la experiencia digital del visitante.
El resultado es previsible: concentración masiva en los mismos puntos, los mismos horarios y las mismas semanas del año.
La gran asignatura pendiente está en la gobernanza del dato. Calpe ha trabajado en plataformas Big Data y cuadros de mando dentro de su estrategia de Destino Turístico Inteligente (DTI), pero las barreras para avanzar no son tecnológicas. Son estructurales: fragmentación administrativa, proyectos piloto que no escalan, dependencia de financiación externa y una visión política aún demasiado centrada en promoción visible frente a infraestructura invisible (datos, sistemas, talento).
Un destino inteligente no se mide por tener sensores, sino por usar los datos que nos ofrecen.
En los municipios más avanzados ya se habla de “gemelos digitales”: mapas operativos que integran movilidad, ruido, residuos, calidad del agua, ocupación y consumo para simular escenarios y anticipar problemas. Si la pregunta es; Calp podría implantar estas tecnologías? La respuesta es claramente, Si.
Hablaríamos de versiones simplificadas que en ningún caso supondrían inversiones desorbitadas, pero que si requerirían de una premisa básica: coordinación interdepartamental y liderazgo estratégico.
Digitalizar no es comprar tecnología. Es reorganizar la administración alrededor del dato.
Otro salto pendiente es la personalización del turista. Destinos líderes trabajan ya con conjuntos de herramientas CRM de destino (del inglés Customer Relationship Management): sistemas, utilizados desde hace años en el mundo empresarial, y que con consentimiento del usuario, permiten conocer intereses, repetir visitas, evaluar campañas y dirigir gasto hacia zonas menos saturadas. Con el foco siempre en mejorar la experiencia y le eficiencia de recursos.
Calp, que depende enormemente del consumo turístico, carece aún de herramientas avanzadas para comprender y fidelizar a su visitante más allá de la estadística genérica.
Y no me olvido de la la inteligencia artificial, la cual ya se aplica también al servicio público. Asistentes virtuales multilingües, atención por voz, gestión de incidencias geolocalizadas o recomendaciones automáticas según contexto ya operan en múltiples ciudades turísticas.
No hablamos de futurismo. Hablamos de eficiencia administrativa y mejora de convivencia vecinal.
Porque este es el punto que rara vez se menciona: la digitalización turística no solo beneficia al visitante. Reduce quejas, mejora limpieza, ordena movilidad y protege la calidad de vida del residente.
¿Por qué Calp no ha avanzado al mismo ritmo?
Fragmentación competencial entre áreas municipales, dependencia de subvenciones en lugar de estrategia propia, proyectos piloto que no escalan, y una visión política aún demasiado centrada en promoción y obra visible frente a infraestructura invisible (datos, sistemas, integración).
El riesgo para Calp no es quedarse atrás en marketing turístico, su marca sigue siendo fuerte, sino perder competitividad operativa frente a destinos que gestionan mejor sus recursos, sus flujos y su impacto ambiental. El turista del futuro elegirá no solo por paisaje, sino por comodidad, sostenibilidad y experiencia integrada.
Calp tiene los mimbres: reconocimiento como DTI, infraestructura Wi-Fi, proyectos de sensorización iniciados. Lo que falta es dar el salto político: pasar de la digitalización estética a la digitalización estratégica.
El turismo del siglo XXI busca autenticidad, sostenibilidad, tecnología útil y experiencias memorables. Calp posee los recursos naturales y culturales para liderar esa transición. Lo que falta no es potencial, sino decisión política, planificación técnica y valentía para cambiar inercias. Porque en turismo, como en casi todo, el futuro no pertenece a quien más crece.
Pertenece a quien mejor gestiona lo que ya tiene.