La desfilada de carrosses de Dénia acabó como muchos temían desde primera hora de la mañana: en agua. Literalmente. Tras una jornada marcada por la incertidumbre meteorológica y hasta varias reuniones de coordinación durante el día de hoy entre el Ayuntamiento, la Junta Local Fallera y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, la cabalgata comenzó a las 19h bajo un cielo amenazante y una leve lluvia que no ayudaba en el lucimiento de las mismas. Pero apenas una hora después, el cielo cumplió su promesa y descargó con fuerza, obligando a suspender el desfile a mitad de recorrido.
Una decisión difícil, sí. Pero también, a juicio de muchos participantes y asistentes, equivocada. Porque más allá del infortunio de la lluvia, el desfile arrancó ya con señales preocupantes: sin música, sin iluminación en las carrozas y con una previsión meteorológica adversa que mantenía la alerta amarilla por lluvias intensas activada desde el día anterior.
La Junta Local Fallera había convocado de urgencia una reunión a las 16h, justo a 3h antes del desfile, para valorar los avisos de lluvia que señalaban un alto riesgo a partir del atardecer. A pesar de ello, y en un intento por salvar la cita festiva, se optó por continuar con el desfile. Una decisión que, viendo el desenlace, muchos ahora cuestionan.
Casi todas las voces coinciden en que la opción más sensata hubiera sido suspender la desfilada antes de su inicio y posponerla al próximo fin de semana, tal y como permitía tanto la agenda como el margen meteorológico. No solo por la seguridad de los participantes —muchos de ellos menores— sino por la dignidad del propio acto, que comenzó con falta de condiciones mínimas: sin sonido ambiente ni iluminación decorativa.
El diluvio que llegó con puntualidad británica, a las 20h, hizo lo que las previsiones ya anticipaban. Las carrozas tuvieron que refugiarse, los trajes se empaparon y el público se dispersó entre paraguas y decepción. Las comisiones falleras, que llevaban semanas trabajando en sus carrozas, se quedaron sin el reconocimiento público que merecían. Y muchos vecinos lamentan que no se priorizara la prudencia por encima del simbolismo de mantener la fecha.
La meteorología es imprevisible, pero los avisos estaban ahí, alerta amarilla. Y aunque la decisión final no es fácil de tomar, a veces cancelar a tiempo es el mayor acto de responsabilidad, viendo el aviso de Dana que daba la Aemet. Mientras tanto, Dénia vuelve a recordar que en fiestas —como en la vida— es mejor prevenir que lamentar.