Cani deja las tijeras con el cariño de todo un pueblo

05/10/2026





Comenzó a trabajar con apenas 12 años y, junto a su marido Vicente, ha dedicado más de medio siglo a una peluquería que se convirtió en mucho más que un lugar para cortarse el pelo

Hay lugares que forman parte de la vida de un pueblo. Y hay personas que consiguen que esos lugares se conviertan en parte de la memoria de varias generaciones. La peluquería de Cani y Vicente es uno de ellos.

Ahora, después de más de cinco décadas entre tijeras, secadores, peines y conversaciones, Cani ha decidido jubilarse. Se cierra así una etapa profesional que comenzó cuando apenas tenía 12 años, cuando empezó a conocer un oficio al que terminaría dedicando prácticamente toda su vida.

Junto a su marido, Vicente, ha compartido no solo una profesión, sino también el día a día de un negocio por el que han pasado generaciones enteras. Primero fueron los padres y los abuelos; después, sus hijos y, con el tiempo, también los nietos.

Una peluquería que guardaba historias

Porque allí nunca se trató únicamente de cortar, peinar o arreglar el cabello. Entre una cita y otra se hablaba de todo. Se contaban preocupaciones, se compartían alegrías, se daban consejos y, muchas veces, simplemente se escuchaba. Entre corte y corte también se confesaban historias. Cani y Vicente han sido testigos de miles de conversaciones que se quedaron entre las cuatro paredes de la peluquería. Han visto llegar a clientes preocupados y salir con una sonrisa. Han acompañado cambios de vida, nuevas etapas, celebraciones y también momentos difíciles.

Y, sobre todo, han estado presentes en muchos de esos días que después terminan formando parte de los recuerdos más bonitos. Porque antes de una boda había que pasar por la peluquería. Antes de una comunión, también. Para una fiesta, un cumpleaños, una celebración familiar o simplemente para sentirse guapa y especial, siempre había un momento para sentarse en el sillón de Cani.

Más que una profesión

Durante todos estos años, Cani Peluqueros ha visto cambiar las modas, los peinados y las generaciones. Pero hay algo que no ha cambiado: el cariño de sus clientes. La peluquería se convirtió poco a poco en un lugar de encuentro, en ese pequeño espacio donde la confianza se construía con los años. Donde una clienta podía llegar sabiendo que, además de salir con un nuevo peinado, probablemente habría compartido un rato de conversación, alguna confidencia y muchas risas.

Son más de cinco décadas formando parte de la vida cotidiana de un pueblo. Más de cincuenta años viendo crecer a personas, acompañándolas en sus momentos importantes y creando recuerdos que ahora permanecen también en quienes pasaron por sus manos.

El momento de colgar las tijeras

Ahora serán otros los que continúen peinándose para las celebraciones. Pero durante mucho tiempo, cuando alguien recuerde una boda, una comunión, una fiesta o simplemente aquella tarde de conversación en la peluquería, seguramente aparecerá el nombre de Cani.

Y es que hay despedidas que no son un adiós, sino un gracias por tantos años de cariño.